E-Uruguay en Sociedad digital

Articulo publicado en El Pais, Noviembre 2004


En Agosto de 2000, a traves de mi empresa, invitaba a participar de las Jornadas Uruguay Electrónico: un Seminario de E-Commerce cuyo titulo era: “Marketing, Legislación y Administración Publica”.

En esos momentos se vislumbraba en nuestro país, mas precisamente en el seno de la sociedad, la idea de un Uruguay Electrónico: fomentar el desarrollo de internet, generalizando el acceso de todos a la red, priorizando la educación y la información, y estimulando el comercio electrónico.

Comienza a ocupar titulares la Sociedad de la Información, que comprende la utilización masiva de los medios electrónicos para difundir la información, el conocimiento y los intercambios en una sociedad. Debemos aclarar que el Presidente Batlle recién había formado el Comité Nacional para la Sociedad de la Información.

Desde aquella época, no tan lejana en el tiempo pero si distante para los profundos cambios tecnológicos, ya veíamos la importancia del uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), que en los últimos años, han tenido un significativo desarrollo, sobre todo en lo referente a la Administración Pública.

El concepto de Sociedad de la Información surge en los años 70 y se desarrolla en los 80, donde algunos técnicos ya adelantaban la idea que la información y el conocimiento eran las fuerzas del desarrollo socio-económico.

A la sociedad de la información o sociedad globalizada, debido a los modernos medios de comunicación, la articula hoy en día una compleja cadena de instrumentos para la propagación de mensajes, siendo los más conocidos los tradicionales, de carácter electrónico: televisión y radio. Junto a ellos y de manera cada vez más influyente, sobre todo en los países desarrollados, se encuentran las redes de comunicación organizadas en torno al sistema Internet.

La representación de la globalización se configura cuando viajamos por el ciberespacio: con un clic del mouse de la computadora ingresamos al Museo del Louvre. Otro más y accedemos al Museo de Nueva York. De clic en clic recorremos museos, bibliotecas, realizamos viajes, leemos periódicos de todo el mundo. Estamos a un clic de distancia de cualquier lugar o persona.

Actualmente estamos asistiendo a una revolución tecnológica sin precedentes, provocada por los avances de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Es una transición de sociedad. Es el paso de la sociedad industrial a la sociedad de la información y del conocimiento, y que está transformando todo absolutamente: la geografía económica mundial, los ciclos de producción, la organización industrial de las empresas y está transformando también la educación.

De la sociedad de la información surgen algunos conceptos que tenemos que asumir: estamos frente a una nueva economía, frente una nueva forma del conocimiento. Un conocimiento que se transforma en nuestro capital, al cual debe tener acceso todo el mundo. La nueva economía es una nueva forma de pensar. El desarrollo de estas tecnologías abre nuevos e interesantes canales, tanto para la provisión de servicios a la sociedad, como para mejorar la calidad y oportunidad de la información a la que los ciudadanos pueden acceder. Ello ha generado un fuerte impacto en los distintos ámbitos del quehacer público y privado, en las personas y en la actividad económica, pues ha facilitado la vida cotidiana y ha logrado mayor eficiencia y eficacia en el desarrollo de variados tipos de procesos.

Privilegio del Estado y la importancia del sector privado

El Estado cumple un rol fundamental en todo proceso de cambio de un país y debe por ende liderar transformándose en un usuario modelo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, actuando como catalizador del desarrollo y la innovación en el uso de nuevas herramientas.

Todos los gobiernos tienen algo que ver con la Sociedad de la Información, sin importar cuál sea su nivel de ingreso nacional o facilidades de infraestructura. El papel de los gobiernos es fundamental para difundir los beneficios de dicha Sociedad a todos los ciudadanos a través del desarrollo de políticas nacionales y mundiales, y marcos de trabajo destinados a enfrentar los desafíos de la Sociedad de la Información.

Por su parte el sector privado juega un papel activo, junto con los gobiernos y la sociedad civil, al ofrecer un modelo económicamente viable para lograr los objetivos de desarrollo de un nuevo orden económico mundial. También contribuye, de una manera instrumental, al crear las condiciones materiales necesarias para el acceso universal a la información y a los servicios de valor agregado de las TIC.

Por ello las empresas necesitan cambiar sus estructuras organizativas en todas sus dimensiones, buscando nuevas formas de organizarse con menos niveles jerárquicos, más flexibles, capaces de aprender, con nuevas estrategias que no sólo permitan a la empresa adaptarse al nuevo entorno, sino que provoque cambios en el entorno.

La última revolución

El hombre de la Revolución Industrial y su relación con la producción era sobre algo tangible: la materia prima y las máquinas se podían tocar, ver. El hombre de la sociedad de la información se va a encontrar que su materia prima será la información y que sus máquinas serán ordenadores y sus vías de comunicación serán las telecomunicaciones. Esto supone un mundo en que las relaciones de producción, se van a dar por "cosas" no tangibles.

Lo propio de la Sociedad de la Información es la creación del conocimiento científico, la aplicación de dicho conocimiento, la tecnología, y la difusión de la misma entre los actores económicos, por lo tanto, innovación productiva.

Disponemos de una apabullante y diversa cantidad de datos. Se trata de un volumen de información tan profuso que es por sí mismo parte del escenario en donde nos desenvolvemos todos los días. Los nuevos instrumentos de información, o al menos sus contenidos, los encontramos por doquier, forman parte del escenario público contemporáneo y también de nuestra vida privada.

Cualquier cambio de esa naturaleza duraba décadas o siglos, mientras que la transición que estamos viviendo se produce de una manera tan acelerada que probablemente quien se entere tarde de ello en puestos de responsabilidad, tanto sean políticos o empresarios, va a lamentarlo, porque probablemente no va a poder, a la velocidad que va, recuperar el ritmo al que se está moviendo todo su entorno.

Muchos países, especialmente en Latinoamérica, han sufrido las consecuencias de no haberse incorporado a la revolución industrial. Hoy tenemos la enorme oportunidad de liderar y acompañar la llamada revolución digital, cuyo avance no debe ser ignorado por nuestros dirigentes políticos, sino acompañado por estos, dándole a nuestros países un marco propicio para el desarrollo de las nuevas tecnologías en beneficio de todos.